
Las emociones son sistemas rápidos de procesamiento de información que
nos ayudan a actuar con un pensamiento mínimo (Tooby & Cosmides,
2008). Los problemas asociados al nacimiento, la batalla, la muerte y la
seducción han ocurrido a lo largo de la historia evolutiva y las
emociones evolucionaron para ayudar a los humanos a adaptarse a esos
problemas rápidamente y con una mínima intervención cognitiva consciente
Si no tuviéramos emociones, no podríamos tomar decisiones rápidas sobre
si atacar, defender, huir, cuidar a los demás, rechazar la comida, o
acercarnos a algo útil, todos los cuales fueron funcionalmente
adaptativos en nuestra historia evolutiva y nos ayudaron a sobrevivir.
Por ejemplo, beber leche en mal estado o comer huevos podridos tiene
consecuencias negativas para nuestro bienestar. La emoción de disgusto,
sin embargo, nos ayuda a actuar de inmediato al no ingerirlos en primer
lugar o al vomitarlos. Esta respuesta es adaptativa porque ayuda, en
última instancia, a nuestra supervivencia y nos permite actuar de
inmediato sin pensar mucho. En algunos casos, tomarse el tiempo para
sentarse y pensar racionalmente sobre qué hacer, calcular las relaciones
costo-beneficio en la mente, es un lujo que podría costarle la vida.
Las emociones evolucionaron para que podamos actuar sin esa profundidad
de pensamiento.
Cada
emoción va asociada a la aparición de alguna modificación de carácter
fisiológico, cognitivo y/o motor en el sujeto que la experimenta. Por lo
tanto, tres sistemas orgánicos participan, de manera sinérgica e
integrada, en la experiencia emocional.
Los estímulos susceptibles de provocar estas reacciones poseen lo que
se conoce como “competencia emocional” (Damasio 2005). Cuando el
cerebro detecta estímulos competentes emocionalmente, envía órdenes
específicas al sistema endocrino -el responsable de la liberación y de la regulación de las hormonas en el flujo sanguíneo-, al sistema nervioso autónomo
-el que actúa sobre los sistemas fisiológicos de control del cuerpo, la
homeostasis en general, pero también en el sistema cardiovascular y en
los órganos viscerales- y al sistema musculoesquelético
-el responsable de algunas respuestas típicamente emocionales, como
quedarse paralizado de miedo, huir, o como las expresiones faciales
relacionadas con las emociones.
Las
emociones preparan al cuerpo para la acción activando simultáneamente
ciertos sistemas y desactivando otros para evitar el caos de sistemas
competidores que operan al mismo tiempo, permitiendo respuestas
coordinadas a estímulos ambientales (Levenson, 1999). Por ejemplo,
cuando tenemos miedo, nuestros cuerpos apagan temporalmente los procesos
digestivos innecesarios, lo que resulta en una reducción de la saliva
(boca seca); la sangre fluye desproporcionadamente a la mitad inferior
del cuerpo; el campo visual se expande; y se respira aire, todo
preparando al cuerpo para huir. Un malentendido común que muchas
personas tienen al pensar en las emociones, sin embargo, es la creencia
de que las emociones siempre deben producir acción directamente. Esto no
es cierto. La emoción ciertamente prepara al cuerpo para la
acción; pero si las personas realmente se involucran en la acción
depende de muchos factores, como el contexto dentro del cual ha ocurrido
la emoción, las consecuencias percibidas de las propias acciones y
experiencias previas (Baumeister, Vohs, DeWall, & Zhang, 2007;
Matsumoto & Wilson, 2008).Componente conductual de la emoción
Las
emociones nos preparan para el comportamiento y son importantes
motivadores del comportamiento futuro. Muchos de nosotros nos esforzamos
por experimentar los sentimientos de satisfacción, alegría, orgullo o
triunfo en nuestros logros y logros. Al mismo tiempo, también trabajamos
muy duro para evitar fuertes sentimientos negativos. Por ejemplo, una
vez que hemos sentido la emoción de disgusto al beber la leche en mal
estado, generalmente trabajamos muy duro para evitar volver a tener esos
sentimientos (por ejemplo, verificar la fecha de caducidad en la
etiqueta antes de comprar la leche, oler la leche antes de beberla, ver
si la leche cuaja en el café antes beberlo). Las emociones, por lo
tanto, no sólo influyen en las acciones inmediatas sino que también
sirven como una importante base motivacional para comportamientos
futuros.
Las
emociones se expresan tanto verbalmente a través de palabras como no
verbalmente a través de expresiones faciales, voces, gestos, posturas
corporales y movimientos. La investigación sugiere que somos bastante
sensibles a la información emocional comunicada a través del lenguaje
corporal, aunque no seamos conscientes de ello (de Gelder, 2006;
Tamietto et al., 2009). El caso es que los humanos están expresando
emociones constantemente al interactuar con los demás. Las emociones y
sus expresiones comunican información a los demás sobre nuestros
sentimientos e intenciones.
Componente conductual de la emoción
Las
emociones también están conectadas con pensamientos y recuerdos. Los
procesos cognitivos (pensamiento) juegan un papel importante en la
interpretación de los eventos que desencadenaron la respuesta emocional
en primer lugar. Imagina que estás caminando por un sendero y crees que
ves una serpiente. Lo más probable es que las respuestas fisiológicas
estén sucediendo automáticamente (latidos cardíacos rápidos y
respiración, sudoración, tensión muscular) mientras su cuerpo se prepara
para la acción. De pronto, te das cuenta de que no es una serpiente en
el sendero sino solo un trozo de cuerda de escalada que queda atrás. Tu
valoración de la situación como señales no amenazantes a tu cuerpo de
que puede desactivar el sistema de excitación. Estas valoraciones están
informadas por nuestras experiencias, antecedentes y cultura. Esto
significa que diferentes personas pueden tener diferentes experiencias
emocionales incluso cuando se enfrentan a circunstancias similares.
Los
recuerdos no son solo hechos que están codificados en nuestro cerebro,
están coloreados con las emociones sentidas en esos momentos en que
ocurrieron los hechos (Wang & Ross, 2007). De esta manera las
emociones sirven como el pegamento neural que conecta esos hechos
dispares en nuestras mentes. Por eso es más fácil recordar pensamientos
felices cuando son felices, y momentos enojados cuando están enojados.
Las emociones sirven como base afectiva de muchas actitudes, valores y
creencias que tenemos sobre el mundo y las personas que nos rodean. Sin
emociones esas actitudes, valores y creencias serían solo declaraciones
sin sentido, y las emociones le dan sentido a esas declaraciones. Las
emociones influyen en nuestros procesos de pensamiento, a veces de
manera constructiva, a veces de maneras poco constructivas. Es difícil
pensar de manera crítica y clara cuando sentimos emociones intensas,
pero más fácil cuando no estamos abrumados por las emociones (Matsumoto,
Hirayama, & LeRoux, 2006).
¿Cuáles son las siete emociones básicas?
Según
Paul Ekman, un gran psicólogo que dedicó gran parte de su vida a
estudiar las expresiones faciales dedujo que existían 7 emociones
básicas: la tristeza, la ira, la sorpresa, el miedo, el asco, el
desprecio y la alegría. Esto quiere decir que cuando sentimos que
estamos muy nerviosos, estamos sintiendo alguna de estas 7 emociones
básicas.
Conociendo
los componentes emocionales y las siete emociones básicas podemos
aprender a gestionarlas. Por esa razón es tan importante conocer sus
componentes, de lo contrario sería imposible poder trabajarlas bien.
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